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El Distrito Federal y el procedimiento de Reforma a la Constitución.
Uno de los mayores defectos
de la Constitución de 1917 quizá sea el de la falta de sintonía
que tienen sus preceptos luego de los cientos de reformas que han
sufrido. Un ejemplo claro se encuentra en el tratamiento (o mejor,
en el no tratamiento) que el artículo 135 constitucional le da al
Distrito Federal dentro del procedimiento de reforma constitucional.
Como se sabe, no ha sido
sino hasta fechas bien recientes que el Distrito Federal ha podido
elegir a sus propias autoridades. El proceso de reformas al estatuto
jurídico del Distrito Federal comienza en 1987 y sigue con las importantes
modificaciones de 1993 y 1996. A pesar de los avances que esas reformas
han supuesto, algunos autores señalan la transitoriedad de las mismas
en la medida en que todavía no se logra, ni de lejos, una consideración
semejante a la que tienen el resto de las entidades federativas
(58).
Pues bien, a pesar de
que en virtud de los cambios mencionados los ciudadanos del Distrito
Federal ya pueden elegir a su propio Poder Ejecutivo Local (Jefe
de Gobierno) ya su Poder Legislativo Local (Asamblea Legislativa
del Distrito Federal), todavía no se le considera como participante
dentro del procedimiento de reforma a la Constitución federal.
En efecto, el artículo
135 constitucional dispone que para modificar sus propias normas
se requiere el voto de las dos terceras partes de los individuos
presentes del Congreso de la Unión y la aprobación de "la mayoría
de las legislaturas de los Estados" (59).
Esta disposición excluye de participar en el procedimiento de renovación
del ordenamiento constitucional al órgano representativo de la capital
del Estado, pero además prolonga la especie de minusvalía política
que durante tantos años ha afectado a los habitantes del Distrito
Federal.
Esa minusvalía impuesta
constitucionalmente representa un grave déficit democrático de la
Carta Fundamental, pues de hecho está negando las posibilidades
de participación en las grandes decisiones nacional a un porcentaje
importante de la población del país. Según datos del Instituto Nacional
de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), para 1995 el Distrito
Federal tenía poco menos que 8.5 millones de habitantes, sobre un
total nacional de 91.1 millones, es decir, la población del Distrito
Federal representa casi el 10% de todos los habitantes del país
(60).
Obviamente, no hay que subrayar la poca ascendencia democrática
de un Estado que hasta hace pocos años ni siquiera permitía que
los ciudadanos de la capital eligieran a sus propios gobernantes
locales y que todavía en la actualidad no permite que los representantes
electos por el voto popular de 1 de cada diez ciudadanos participen
en la toma de decisiones -como lo son, sin duda, las reformas constitucionales-
que les van a afectar y que, en definitiva, les interesan.
En vista de lo anterior
y dejando por ahora de lado las cuestiones lógicas que el tema conlleva
(61),
se debería de modificar el artículo 135 constitucional para incluir
en el procedimiento de reforma constitucional a la Asamblea Legislativa
del Distrito Federal.
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